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Yara (cap final)

En el estado tan activo de violencia en el cual se encontraban todos los ocupantes del vehículo en cuestión, fue lógico que se escucharan comentarios como estos:

-¿Viste eso?

-Pa, sí.

-Fuá, claro.

-¡Santo cielo!

-¡Dios santo!

-¡Oh, mi dios!

-¡Ave María purísima!

-¡Jesucristo!

-¡Cristo bendito!

-Joven, si usted no me abre la ventana me voy a morir asfixiada.

-¿Y?

La víbora había quedado inconciente en el piso del ómnibus mientras el chofer paraba el vehículo en un semáforo. Dado el peso de dicho vehículo, su tamaño y quizá la poca pericia del conductor para poner el ómnibus parado encima del semáforo, resultó lógico que el transporte capitalino de pasajeros se hiciera añicos contra el suelo.

El chofer, al ver aquello quiso zafar de responsabilidad huyendo a calle traviesa, pero no había andado mucho cuando una zarpa se posó en su hombro.

Era el oso polar que comenzó a decirle unas cosas que sonaban más o menos así:

-¿Por qué corrés así? ¿No sabés que Dios te puede conceder el tiempo que quieras? ¿Acaso no sabés que por más que corras no lograrás esquivar la comunión con el señor?

A lo cual el chofer contestó con una variedad de gritos mezclados en uno solo. Porque nunca había visto ni oído hablar a un oso polar. Y mucho menos católico, apostólico y romano.

-Dios me habló cuando yo fui al cielo creyendo haber muerto. Me dijo que mi deber era volver y ayudar a la gente dando clases de catequesis en los liceos privados. Y lo voy a hacer porque es palabra de Él.

Mientras tanto, no muy lejos de ahí, o sea, en realidad cerca de ahí, la víbora había podido salir de aquel desastre y miraba al oso polar mientras el rencor se apoderaba de su delgado cuerpo. Entonces supo que: a) aquel blanco animal tenía que ver con la muerte de su amiga; b) que el oso tenía la protección de las cosas sagradas de Dios y de todos lados; c) que debería realizar ritos satánicos y esas estupideces para matarlo; d) y que el cuatrocientos veinticinco saldría a los dos esa tarde.

La víbora se acercó al oso y le dijo algo en latín. Había comenzado el ritual. Rayos y truenos cruzaban la biósfera y alrededor de ambos animales sucedían cosas increíbles: mi viejo acertaba las tres cifras, Uruguay salía campeón del mundo y no era por diferencia de goles, Paco de Lucía entraba en Guns ‘n’ Roses pero como batero y Susana Giménez aceptaba estar demasiado vieja para conducir un programa de televisión.

-Dolce vitta yaco pastorius.- decía la víbora mientras le disparaba al oso con balas de plata, le cortaba la cabeza, le clavaba una estaca en el corazón, lo rociaba con agua bendita y le tiraba jane en los ojos.

Trece días con sus trece noches duró aquel sacrílego sacrilegio para que el oso polar se dejara de joder con el señor y todo eso. Lo malo es que no funcionó. El oso murió dos años después en un accidente tonto. Estaba pescando para comer y la espina de una lisa le gangrenó el paladar.

En cuanto a la víbora, antes de ir a pelear con el oso le jugó al cuatrocientos veinticinco a los dos y se forró de guita. Ahora vive en una isla desconocida o en Brasilia y de vez en cuando participa anónimamente en fábulas como esta.

7 toques:

Ava Gardner dijo...

qué lindo cuentito para ir a dormir!

(habrá otra parte? la del oso en el cielo con los angelitos?)

vladimir maiakovski dijo...

al fin paró de sufrir ese oso bobo!

Los Rumiantes dijo...

Animal violencia. El ciclo de la vida y de la muerte. Mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm...

ShopGirl dijo...

Quiero mas partesss

besoss

Skyline dijo...

Me mató lo del oso religioso, se merecia morir por denso jejeje.

buena historia!!!

Tach dijo...

Gracias! Y como veo que las fábulas les han encantado...

Gracias por dejarse tocar!

chicosoquete dijo...

es bien de capa eso de la vívora de estar forrada de guita y aparecer en fábulas de vez en cuando, es como cuando el viejo stan lee aparece en cualquier programita o peliculita, y todos decimos "que viejo capo" pero no sabemos que en realidad stan lee no existe.

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Entonces...